Y las plumas caían como agua en un cielo nublado. Cada paso hacia lo que se denominaba una nueva vida, un nuevo comienzo una nueva imagen emitida por un papel enrollado con una cinta de nuestra patria en la que colgaba un trozo de metal con. Alcé la mirada sintiéndome yo, sintiéndome con el, con ella, conmigo pero a pesar de todo siempre era igual siempre era uno, uno con la mirada gélida e inexpresiva, uno con cara de pensamiento meditativo que parecía no tener fondo, no tener pensamientos… no tener un amigo, no… nada.
Aun cuando las luces sonaban y las bebidas de mesa en mesa pasaban con sonrisas por parte de los mozos y las gente que con su calida actitud hablaban entre si el seguían así. Sintiéndome yo, sintiéndome con el, con ella, conmigo pero a pesar de todo siempre era igual, siempre era uno con pensamiento meditativo, que no tiene motivo, ni siquiera un amigo.
Las luces incandescentes alumbraban su mirada que junto a sus padres camino por una pasarela con la música fuerte que por motivos ajenos a la celebración pero atado a su corazón no podía oír, se veía en contraluz las miradas de critica de alegría, aplausos y gritos que aunque no se conocieran estaban felices por mi, por el, por ella, por nosotros, por alguien que en ese momento reía sin motivo alguno pues faltaba.
Cada flash de las cámaras sincronizaba a perfección con las danzantes gotas de plumas que del cielo gris brotaban como lamentos de el con el cual a pesar de las guitarras y el ritmo metalero de la canción con tan solo decirle “hola” se tiraría a tus brazos a llorar, a gritar, a lamentarse, a disculparse, a agonizar por la falta de su infancia.
Felicitaciones por tu bajada!... que bien, ahora sos una nueva persona. Una persona sintiéndome yo, sintiéndome con el, con ella, conmigo pero a pesar de todo siempre era igual, siempre era uno con pensamiento meditativo, que no tiene motivo, ni siquiera un amigo.
Hora de brindar, por un nuevo comienzo por una nueva vida, la universidad, la independencia, QUE ALEGRIA! Se podía escuchar.
Tantas risas, tantos vasos en alto con la sidra de sabor dulce que en nuestra boca y en la mía se volvía alquitrán, se volvía miseria… era lagrimas y promesas vacías.
Pero así era yo junto con que también esta conmigo pero al fin y al cabo solo.
Sintiéndome yo, con el, con ella, conmigo, a pesar de todo siempre era el mismo, siempre era uno, uno con pensamiento meditativo, con un rostro vacío, con lagrimas que nadie podía ver, que nadie puede consolar. Ecepto un amigo…
Uno que ya no esta.